La segunda opción de la lista es probablemente la empresa más grande del país en estos asuntos.
La primera reunión con ellos transcurre en un entorno de exquisita placidez. Nuestro interlocutor, un productor. Un señor de los pies a la cabeza. Tiene poco más de sesenta años y ha visto pasar por sus manos algunos de los grandes y muchos de los pequeños proyectos audiovisuales que han disfrutado uds. y nosotros en las pantallas. Es ese tipo de personas que conoce a todo el mundo y que ha mirado de mantener una trayectoria profesional sin tacha. Hacia el final de su carrera profesional está muy interesado en los sentimientos con los que un equipo debe enfrentarse al proceso de construir una historia. La reunión dura más de dos horas y sobretodo hablamos de sentimientos, de la manera de hacer las cosas. Y de las personas que pueden hacer que las cosas se hagan bien.
Al salir recuerdo los comentarios que profieren en blogs hordas de tarados que odian a los productores por el mero hecho de serlo y disparan insultos indiscriminados y fanáticos y no puedo dejar de imaginarme a sus autores como pequeños lamers cargados de ignorancia.
Creo que el proyecto le causa buena impresión. La verdad es que nadie que lo ha tenido en sus manos ha dejado de valorar el empaque, la presentación, el trabajo que se supone hay detrás. Es una reunión algo dispersa que se riega de recuerdos y anécdotas, de nombres y títulos pero no se dejan de esbozar los temas principales: Contenido, público, financiación, casting, equipo y tiempos. Nos expone el proceso que va a seguir el proyecto en su empresa, los pasos que tiene que dar y los plazos en que probablemente se den esos pasos. También lanza una sugerente propuesta de colaboración a tres bandas junto a los primeros de la lista. Y la sonrisa ilumina de nuevo nuestros jetos.
Ya les cuento.



