Estamos viviendo la edad de oro de las series. Nunca se han producido tantas y de tanta calidad. Hay quién dice (y dice bien) que esta época dorada empezó con “Twin Peaks”. Yo me recuerdo de adolescente (antes de saber quien había matado a Laura Palmer) sentado en el sofá viendo cosas que hoy se considerarían basura, ya entonces se consideraban así por los que llaman a la tele “la caja tonta”. Recuerdo incluso suspender la asignatura de matemáticas por no presentarme al examen al coincidir con la emisión del último episodio de “Dinastía”. Las historias seriadas forman parte de mi vida: Desde “Memorias de un hombre de acción” de Pío Baroja a los miles de comics de la Marvel que colecciono pasando por el pulp “El coyote” de Mallorquí. Hoy las series ya no son las borracheras de Sue Ellen o los trapicheos de “Los Colby”. Afortunadamente, en los últimos años, la industria televisiva estadounidense (una parte de ella) se ha transformado en el mejor centro mundial de creación de cultura popular audiovisual.
Mientras tanto en nuestro país...
Continuará...