Los equipos de diseño de producción y de dirección artística tienen (normalmente, que siempre hay excepciones) un enorme compromiso profesional y sentimental con los proyectos en los que trabajan. Tanto es así que se han acuñado frases entre chulitas y románticas que ilustran esa entrega: "Si en el rodaje nos piden tinta roja, nos cortamos las venas" y cosas por el estilo.
Son conocidas muchas anécdotas de pequeñas heroicidades que directores de arte, decoradores, regidores o atrezzistas han llevado a cabo con el único objetivo de servir al resto del equipo, a la producción o fundamentalmente a la historia que se está contando. Entre esas pequeñas heroicidades siempre está la de hacer más horas que un reloj para que todo esté a punto, antes y durante el rodaje y recoger y preparar el siguiente set cuando la mayoría del equipo ya descansa en casa.
Bueno, pues...
Se cumplen ahora tres veranos. Sí. Hace tres años, nuestra otra empresa, se implicó, como siempre hasta las cachas, en un proyecto con una productora. Era una peli de época pero sencilla o sencilla pero de época y nos pusimos a ella con todo el empeño que merecía la historia. Con la precipitación que se encargan estos trabajos enseguida empezaron a incumplirse los pagos. Nosotros seguimos trabajando y reclamando, día a día sin dejar de hacer una cosa ni otra. Pero los pagos no llegaban. Empezaron las discusiones subidas de tono, la agresividad y si me apuran la violencia. Los engaños fueron constantes, diarios y sangrantes. Las mentiras flagrantes y la desesperación supina.
Sepan uds. que nosotros, que seguimos cocinando aunque también seamos frailes, tenemos la costumbre de pagar a todos a nuestros trabajadores y proveedores con absoluta escrupulosidad y claro, cuando pagas pero no te pagan tienes un problema. Un problema de varias decenas de miles de euros en el caso que nos ocupa. Y si bien nunca nos puso en disposición de cerrar el chiringuito si nos puso en serios aprietos por un tiempo prolongado.
Gracias al tesón de mis socios conseguimos arrancar de la empresa productora un documento de reconocimiento de deuda. Pero no sirvió de nada. Los free-lance que fueron contratados laboralmente si consiguieron cobrar, pero no las empresas proveedoras (la nuestra, pionera en este país en estas lides, se considera así a pesar de tener que ver más con lo artístico que con lo mercantil).
Con el reconocimiento de deuda y demás pruebas nos fuimos al juzgado a pedir el embargo de sus bienes y ...
... hasta hoy.
En nuestro bonito país está más protegido el que deja de pagar que el que deja de cobrar. Es así y tres años después:
La película no se ha estrenado. (que solo faltaría)
Los productores (él y ella) no pueden trabajar en esto.
Nosotros no hemos visto un euro.
Cuando empecé en este trabajo me dieron un par de consejos: "Nunca te enamores de una actriz (o un actor)" y "Nunca trabajes sin cobrar, el dinero es lo único sagrado de todo esto". Del primero puedo decir que lo he cumplido a rajatabla. Lamentablemente del segundo no puedo decir lo mismo.
pd: Pedazo de título dramático me ha quedado ¿no?