Mi país es tan pequeño que nos conocemos todos. Sin ir más lejos, hace quince años que conozco a los que desde hace unos cuantos eligen las series que se van a producir para la pequeña cadena de mi pequeño país. Esos a los que en los coments—antisistema de los blogs que leo, denominan “ejecutivos encorbatados”. En su defensa diré que jamás los he visto con corbata, aunque en el caso de ella no tenga mucho mérito la cosa.

 

En mi pequeño país los presupuestos son pequeños. Son tan pequeños que normalmente son la mitad de los del país vecino y amigo. Ahora que las cosas no son normales los presupuestos han pasado a ser la tercera parte. Produciéndose entonces una situación un tanto curiosa: En un mismo edifico con varios platós se producen dos series, una para verse en el país grande, vecino y amigo y con un presupuesto pequeño y otra para verse en mi pequeño país con un presupuesto ridículo.

 

Se pueden imaginar uds. que por hacer la misma cosa la gente (y cuando digo gente, quiero decir técnicos y creativos) de mi pequeño país quiere cobrar lo mismo. Y, con sus más y sus menos, lo hace. Entonces ¿cómo se produce el milagro?

 

Se admiten opiniones.

 

Les aporto un dato sin ánimo de influir: En nuestro pequeño país todavía tienen el gusto de hacer las series de cincuenta minutos.

 

 

Por cierto, en el pequeño país también hay productoras pequeñas que si les dan la oportunidad te sacan un audiención.